Hoy me desperté con una sonrisa en el rostro.
Fue uno de esos despertares lentos, donde el mundo real tarda en encajar sus piezas porque el alma aún se resiste a abandonar un sueño hermoso.
Soñé que había compartido un sábado entero con mis amigos.
Soñé que las paredes de “La Noria” vibraban con una energía que solo se genera cuando el talento y el miedo se dan la mano.
Soñé con un Concurso de Área, organizado por mi club, Toastmasters Málaga.
Y es que la experiencia fue tan real, tan enriquecedora y tan inolvidable, que al abrir los ojos todavía podía sentir ese eco de los aplausos y ese colofón final haciéndonos la foto con todo el Grupo.
La llegada
En mi sueño, llegaba tarde. Aunque faltaban aún unos 40 minutos para empezar todo, siempre me gusta llegar más temprano. Eso de ser un tardón, no me gusta.
Ya sabéis cómo son los sueños: esa urgencia que te acelera el pulso.
Pero al cruzar el umbral de la puerta del lugar donde se iba a celebrar el evento y toparme de súbito, con caras conocidas, esa sensación me devolvió la paz.
Allí estaban ya “toasties” de otros clubes, formando una constelación de rostros de concursantes ilustres (los que siempre se llevan los premios) y otros nuevos que veía por primera vez.
Los saludé a todos. En aquel momento, lo que menos importaba era pensar en los premios.
Lo más importante era vivir aquí y ahora, disfrutando cada minuto, cada instante.
Cuatro clubes: un solo objetivo
Habían venido desde Sevilla, desde Granada, desde Mijas Costa y nosotros, desde Malaga.
Algunos habían desafiado a la carretera al alba.
Otros, los más previsores, ya habían pernoctado en nuestra ciudad la noche anterior, sintiendo la suave brisa del Mediterráneo antes de enfrentarse al atril.
Era momento de encontrar a los míos, a los compañeros que jueves tras jueves nos encontramos en el Club para seguir creciendo.
Toastmasters Málaga, uno de los clubes más importantes de España, cuenta hoy con 44 socios, una cifra envidiable, un músculo social poderoso.
Sin embargo, en ese sueño, éramos pocos y aquello me dejaba un sabor agridulce.
Unos socios venían a morder el escenario.
Otros, con esa generosidad que define a los grandes líderes, venían a aprender, a disfrutar y a apoyar (algo que se agradece demasiado), siendo el aliento de los que estaban a punto de concursar.

Todo fue un sueño – Crónica de un Concurso de Área en Toastmasters Málaga
La cuenta atrás
Faltaban 15 minutos para el inicio y el goteo de personas era incesante aún.
Rostros veteranos de mil batallas como Nuria, Rafa, Merche estaban en el lugar.
Junto a ellos, esos “toasties novatos” de otros clubes que acaban de aterrizar en el Universo de Toastmasters y estaban con los ojos bien abiertos, maravillados por todo.
Esos neófitos aún no saben dónde han llegado -pensé.
No saben que esto es como una droga —de las buenas—, de las que te permite experimentar una metamorfosis personal, desarrollar un liderazgo de acero, pulirte el ego al tener que trabajar en equipo y también conocer a los que, sin duda, acabarán siendo los compañeros y amigos de tu nueva etapa.
Y allí estábamos: respirando el concurso.
El roll up con el nombre de nuestro laureado Club, con sus “ribbons” (premios obtenidos por la trayectoria y el buen hacer) ya presidía el escenario.
Las sonrisas nerviosas, los pasos arriba y abajo de los concursantes subiendo al escenario y midiendo las distancias en el mismo.
Esos miedos aflorando en forma de manos inquietas…
El ambiente estaba ya impregnado de esa electricidad previa al espectáculo.
Y he de reconocer que esa sensación, me encanta demasiado.
¡A punto de iniciar!
Ya todas las carpetas con los documentos de concursantes, jueces y organizadores, estaban entregadas.
Y a falta de minutos, se oían preguntas tales como: ¿Quién es el ‘Contest Chair’ de Evaluaciones en inglés? ¿Quiénes son los jueces? -preguntaba alguno de los nuevos.
– No, no -le respondían- eso no se puede saber. Es como ese secreto de sumario que envuelve la imparcialidad del concurso y que no se podía desvelar a los concursantes.
¿Yo tengo que contar votos o qué hago?
¿A quién le entrego la hoja del tiempo cuando acabe?
(…)
Esos momentos de estrés, un estrés maravilloso e inolvidable, te hacen sentir que estás vivo, que formas parte de un mecanismo donde cada pieza es vital.
Llevo desde 2015 en Toastmasters y confieso que, aunque cada certamen es distinto, la esencia me sigue atrapando como el primer día.
El rugido de la sala
El silencio se apodera de “La Noria”, roto solo por la voz de la presentadora Irene, dando la bienvenida a todos y recordando las normas.
¡Buenos días a todos! -dijo ella.
¡Comienza el espectáculo! A disfrutar -pensé yo.
Miro a mis compañeros, a los que van a concursar y a los que asistían por primera vez: Curro, Antonio, Alicia… Pude leer sus mentes porque yo también estuve allí hace años: esa mezcla de asombro y respeto ante lo que estaba a punto de suceder.
Llaman al primer concursante.
Fue, por azar del sorteo, obviamente. Pero me alegro que aquel “conejillo de indias” no fuera de mi Club. Esta “prueba de sonido” nos ayuda a todos y enseguida vas a saber por qué.
Su voz era potente, su discurso parecía igualmente poderoso. Sin embargo, algo lo empañaba.
La acústica del lugar, caprichosa y cargada de reverberación por la altura de la bóveda del escenario, le jugó una mala pasada.
Si se movía hacia atrás, el mensaje se diluía en el aire y apenas se entendía bien.
El resto de los concursantes de nuestro club, Diego, Wolfgang, Pablo, Javier y David, tomábamos nota mental de lo que estaba sucediendo para no cometer ese mismo error.
Él, a pesar de que estaba dándolo todo en el escenario, no fue consciente de lo sucedido (apenas se le entendía) hasta el final.
Aun así, su discurso fue una lección de resiliencia.
Y así, uno tras otro. Cinco concursos en un solo día, incluyendo una parada para coffee break y para almorzar. Aunque de esto último hablaremos luego.
Una maratón de ideas originales, palabras, movimiento de manos y pausas extraordinariamente puestas en su lugar para que, los que estábamos allí pudiéramos disfrutar con plenitud.

Todo fue un sueño – Crónica de un Concurso de Área en Toastmasters Málaga
Un tirón de orejas necesario
Aquí el sueño se volvió un poco más lúcido, casi una reflexión en voz alta.
Me dolía ver que algunos socios de Málaga decidieron no venir porque tenían cosas mejores que hacer. No juzgo las agendas, pero sí lamento la pérdida.
En momentos como estos es donde se crece de verdad.
No alcanzo a comprender cómo, habiendo personas que recorrieron más de 200 kilómetros para nutrirse de este evento, hubo quienes teniéndolo en la puerta de su casa, prefirieron el sofá o Neflix.
Toastmasters no es solo pagar una cuota mensual
Toastmasters es liderazgo y estar ahí.
Toastmasters es la presencia en momentos como éste, es aprender y apoyar a los compañeros de tu Club. También es el roce, el apoyo mutuo necesario.
Los que no vinieron se perdieron la oportunidad de ver a sus compañeros transformarse en un escenario que los hizo más grandes y comprometidos aún.
Se perdieron la lección de humildad de los escrutadores recontando votos en la sombra, custodiando el destino de los premios con un silencio monacal.
Se perdieron, en definitiva, la piña que nos hace invencibles.
La mesa compartida y el sabor de la espera
En el sueño, también hubo espacio para lo terrenal. Nos sentamos a comer.
El almuerzo, teóricamente negociado en fondo y forma, se convirtió en una prueba de paciencia digna de un monje budista.
Un servicio de cocina dantesco que estiró los minutos hasta prácticamente las dos horas.
Pero, ¿sabéis qué? Incluso hasta ese estrés de sentarse a comer y esperar, esperar y esperar… fue hermoso.
Porque en esos minutos, hablamos de temas mundanos.
Reímos y compartimos historias y experiencias que nos unen como equipo.
El estrés de querer que todo salga perfecto, el que te dice: ¡vamos 1 hora tarde según la agenda! … a veces choca con la realidad. Pero esa imperfección también es parte de la mística de un concurso.
El momento de la verdad
Llegó mi momento: el concurso de evaluaciones en español.
¿Nervioso? No.
¿Concentrado? ¡¡YES!! 100%
El discurso a evaluar había sido magistral por parte de María. De esos que te dejan poco margen para la crítica constructiva porque rozan la excelencia.
Todos los evaluadores salimos de la sala.
Mi mente trabajaba a mil por hora. ¿Cómo empiezo? ¿Qué puntos de mejora propongo sin parecer pretencioso?
La estructura de lo que iba a decir estaba bien clara, pero aún tenía dudas en cómo iniciar la evaluación.
Tenía que ser un inicio impactante.
Esto hace ganar puntos en un concurso. Pero aún no me viene nada así.
De pronto… se ilumina la bombilla y ¡voila! llega la idea.
El chispazo. ¡Aha! Ya lo tengo. Este va a ser el inicio.
Suena mi nombre.
Camino por el pasillo con la espalda erguida, dando pasos firmes.
Pisaba con seguridad, mostrando serenidad tras haber bebido agua, como siempre hago antes de evaluar.
Y ahí, sintiendo ya la madera del escenario bajo mis pies… empieza la evaluación.
El análisis del discurso se va haciendo con mimo.
Mirada al público, lograda la conexión y usando gestos asertivos.
Me siento bien.
Por el rabillo del ojo veo la tarjeta verde.
Y mi mente empieza a hablar: “Proyecta más la voz, David. Haz pausas y modula los tonos. No mires al suelo. No corras tanto. Haz más pausas. Sé coherente con tu mensaje”.
Levantan la tarjeta amarilla. “No te la juegues con la roja, cierra ya” -me dice la mente.
Cuando empiezan los aplausos y bajo del escenario, me queda ese sabor agridulce de los perfeccionistas. «Está bien. Lo has hecho bien… pero (otra vez ese “pero”) podrías haberlo hecho mejor» -me dice mi Pepito Grillo.
Aunque, como decimos por aquí en Málaga, ya está “tol pescao vendío”.
El clímax: vítores y abrazos
Llegó el final. El momento de los trofeos.
Todos queremos ganar, es humano admitirlo, pero la verdadera victoria ya se había producido en cada uno de los discursos previos.
Miradas cómplices con mis compañeros del club de nuevo.
Guiños que significaban: “Venga, que lo has hecho genial, tranquilo por el premio que te otorguen”.
Tercer premio es para…
Segundo premio…
Y entonces, el estallido.
Escuchar tu nombre y sentir una descarga eléctrica recorriéndote el espinazo es indescriptible.
Ganar un premio en un concurso de Area (y ya van unos cuantos) es sensacional.
Y luego ese momento de la foto final, los rugidos y vítores en la sala. Aquellos abrazos sinceros que huelen a hermandad…
«Nos vemos en Sevilla» – nos decíamos, con la vista ya puesta en el concurso de División.

Todo fue un sueño – Crónica de un Concurso de Área en Toastmasters Málaga

Todo fue un sueño – Crónica de un Concurso de Área en Toastmasters Málaga

Todo fue un sueño – Crónica de un Concurso de Área en Toastmasters Málaga
Despertar para contarlo
Y entonces, el sueño se desvaneció. Me desperté.
Todo fue emotivo, precioso y cargado de un sentimiento de pertenencia que desborda cualquier explicación lógica.
El próximo jueves, los socios que asistieron compartirán con los que no vinieron, algo imposible de explicar con palabras.
Lo que sucedió en realidad no fue que éste ganó un premio o que aquel no lo ganó.
Más allá de los premios, sucedió magia. Los retrasos, los cambios de agenda y los fallos de aquella cocina de la que no salían los platos que con tanta hambre queríamos devorar, fue parte de la misma.
Lo que vivimos fue una lección de vida.
Los asistentes saben que un evento así te hace crecer meses en un solo día.
Y aunque este solo fue mi sueño (el que me hizo despertar con una sonrisa), la realidad es otra.
La realidad de lo vivido en “La Noria” fue aún mejor.
Porque en Toastmasters, lo verdaderamente importante no es el discurso que das o el premio que te llevas… es la experiencia de algo inolvidable.
Nos vemos en la próxima sesión y en el próximo concurso.
Y por favor, la próxima vez, no dejes que te lo cuenten.
Ven a soñar despiertos junto a nosotros.
Autor: Manuel David Moreno
Club Toastmasters Málaga Toastmasters International | Club de Oratoria, Debate y Liderazgo.
Puedes venir como invitado a probar, de manera gratuita y sin compromiso, apúntate en www.toastmastersmalaga.es/invitados
¡Te esperamos!
